Las lágrimas caen como cristales por tu joyero heredado de antaño.
Perecer en la tristeza, mas no perder el milímetro de luz que se divisa a kilómetros.
Eres esclavo de tus angustias, buen trabajador para percibir el céntimo de pan.
Las mañanas son el frío que cala cada capa con la que te cubres sobre tu cama
y tu despertador la lluvia contra la ventana.
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